2 de gener de 2016

Reflexions a partir de la mort d'un vagabund a Navarcles (31-01-1931)

El Surienc, Any I, núm.1, 31 de gener de 1931, pàgina 3.

"La caridad pública
     «MANRESA
     En el lugar conocido por «Celler Comercial», término municipal de Navarcles, ha sido hallado el        cadáver de un hombre, al parecer mendigo, de unos sesenta años de edad. 
     Se ignoran los nombres del muerto, pues no le ha sido encontrada documentación alguna y si          solo varias participaciones de la Lotería de Navidad y 124 pesetas en metálico. 
     Según dictamen facultativo, la muerte le sobrevino por congestión pulmonar a causa del frío.» 
     Dc El Día Gráfico del 15-1-31 
La noticia anteriormente transcrita se reproduce con lamentable frecuencia y la hemos escogido para este nuestro primer artículo por tratarse de un pueblo de la comarca que ha ocurrido. En Súria ya se ha dado y repetido el caso del mendigo profesional muerto en la cuneta de la carretera sin la ayuda de nadie, sin los auxilios de la ciencia ni de la religión, sin una mano piadosa que le cerrara los párpados y recibiera el patético último apretón de mano.
Todos por igual, ruedan el mundo sin un documento que les identifique, pero siempre, con algún dinero, poco o mucho, y la inseparable botella de vino. Este de nuestra historia llevaba dinero mas que suficiente para pernoctar en una posada, al abrigo de las inclemencias del tiempo, pero su avaricia quizá, o el estado de suciedad de su persona y de los andrajos que le cubrían, hicieron imposible se cobijara convenientemente y sucedió la tragedia.
Al repetirse el caso de 1a noticia se repiten las exclamaciones de los sentimentalistas. ¡Ha muerto un hombre de hambre y frio! sin detenerse a considerar lo que en realidad representa la ausencia de documentos y la presencia de las participaciones de la Lotería y las 124 peseteas.
Hemos dedicado una buena parte de nuestra vida a hacer lo posible para evitar casos como estos, conocemos de «vista» la vida hospitalaria; en fin, estamos firmemente convencidos por la elocuencia de los hechos, que para evitar la vergüenza que para la humanidad representan los mismos no basta las Leyes que reprimen la mendicidad y la vagancia, los hospitales y asilos provinciales con menguados recursos y múltiples atenciones que cumplir son ineficaces, y precisa, por lo tanto, unificar la acción de todas las Corporaciones, autoridades, entidades y particulares para resolver en cada localidad el pavoroso problema de la beneficiencia pública, atendiendo suficientemente a los vecinos menesterosos con las limosnas que hasta ahora han venido dedicándose a sostener a un ejército de vagos, portadores de gérmenes infecciosos y propagadores de las malas costumbres.
Esto no quiere decir que debamos abandonar a los menesterosos forasteros que, de tránsito, pasen por nuestras villas y pueblos; a estos debemos socorrerlos convenientemente, por una sola vez, con una comida o cena y albergue que les facilite de pueblo en pueblo la llegada al de su residencia donde debe terminar la peregrinación en pos del [xxxx] de la caridad.
Muchas instituciones y fundaciones particulares dedican sus [xxxx] a mitiga la miseria y el dorlor humano, pero resultan estériles debido a la falta de cohesión entre [xxxx] unificando la acción común, uníendose en cada pueblo los que deseen practicar el bien, sean cuales fueren las respectivas ideologías, se logrará, con muy poco esfuerzo, desterrar la vagancia y hacer de la caridad un recurso extremo al alcance de todo convecino que, abatido por la desgracia, necesite del auxilio de sus hermanos. 
Villafranea del Panadés es un espejo en el que debemos mirarnos los demás pueblos. Ha logrado, debido primero al esfuerzo de un puñado de hombres de buena voluntad, establecer la Beneficencia Villafranquesa, la cual recoje las limosnas de todos para repartirlas después entre sus convecinos necesitados y cuya indigencia está plenamente comprobada. 
Suria, siguiendo tan ejemplar conducta, establece también su beneficencia, y si logramos desproveernos de prejuicios nocivos y aunamos todos nuestros esfuerzos, podremos decir que la caridad pública debidamente encauazda, ha logrado el milagro de suprimir la mendicidad y desterrar la vagancia. 
Con la unanimidad de criterio con que han acudido todas las entidades al llamamiento lanzado por la Cruz Roja, se ha demostrado que en todas las esferas se ansia que se resuelva de una vez esta cuestión y lo que durante dos años ha sido el sueño dorado de los organizadores, es en estos momentos una bella realidad. 
Ahora precisa, para que la idea adquiera toda la eficacia que promete, que todos, absolutamente todos, cooperen a la empresa, absteniéndose de dar limosnas a nadie; que los que pidan, los manden al Comedor que se establece, y por último, con un pequeño esfuerzo por parte de cada uno dedicando unas monedas al sostenimiento de la Benefícencia de Suria tendremos asegurado el éxito de la empresa, que pondrá en donde se merece el nombre de Suria.
UN CRUZADO DE LA CARIDAD"