4 de setembre del 2026

El lladre de l'autobús (31-07-1956)

Solidaridad nacional, 31 de juliol de 1956, pàgina 20.

A la secció "La Calle, por Enrique Rubio":

"El chico que robó un autobús
SIN HABER CONDUCIDO NUNCA, LO LLEVO DURANTE DOCE KILOMETROS. - PERO EN EL KILOMETRO 13 VOLCO APARATOSAMENTE. - MIGUEL CILLA NO QUIERE VOLVER A SU CASA, POR MIEDO A LA PALIZA PATERNA
Sobre las dos de la madrugada, cerca de la Plaza de Toros de Manresa, un grupo formado por unas veinte personas se lamentaban, hace unos días, de su mala suerte. Y no era para menos.
Habían ido desde Navarclés hasta Manresa en un autobús, propiedad de la viuda de Descals, y tras asistir al espectáculo nocturno celebrado en el coso taurino manresano, se encontraban con que el autocar que debía estar aparcado esperándoles, había desaparecido.
El chófer, un hijo de la propietaria por cierto denunció el "vuelo" de su autobús. Y los viajeros hubieron de ingeniárselas para regresar a su pueblo, en vista de que habían quedado sin vehículo.
Sin haber conducido jamás un joven de 16 años llamado Miguel Cilla, había subido al autobús, lo había puesto en marcha y se había lanzado a la carretera.
El mérito indudable de este muchacho residía en que jamás había manejado un volante, lo que no fué obstáculo para que se lanzara al asfalto, camino de Barcelona, dispuesto a recorrer los setenta kilómetros que le separaban de la capital.
Durante doce kilómetros, el novel conductor sólo tuvo un pequeño tropiezo. Se le puso por delante un tractor que, pese a sus señales acústicas no se apartaba a la derecha. No se arredró Miguel por ello y, apartándose él, rozó con el tronco de un árbol, dejándose allí la mitad de la pintura y llevándose más de una abolladura; pero continuando su camino.
EN EL 13 KILOMETRO
Mal número fué el 13 para Miguel Cilla. Había alcanzado la peligrosa curva existente a la entrada de Castellvell y Vilar, en el cruce con la carretera hacia Marganell, y el autobus no le obedeció como él esperaba.
Con indudable sangre fría, el chico giró el volante hacia la izquierda y fué a volcar sobre la cuneta, destrozando un poste indicador y el eje delantero del vehículo, la carrocería y unas cuantas cosas más.
De no haber maniobrado así, Miguel habría salido por la derecha, dando un salto de más de treinta metros para caer al río Llobregat. Inutilizado el autocar, el joven inconsciente se apeó como si tal cosa y se fué a pie hasta la estación de Monistrol. Allí entabló conversación con unos pescadores, mientras esperaba a que saliera el primer cremallera para Montserrat. Cuando llegó la hora de la salida tomó billete y se fué en él hasta la primera estación. Se apeó, marchó a la carretera y, haciendo el "moto-stop" logró llegar al Monasterio.
Iba rendido. Y deseaba dormir y marchar luego a Barcelona, en otro vehículo robado. Para asegurar las dos cosas se metió en un autocar de Burgos, aparcado allí arriba, y se tumbó a dormir.
El despertador fué el chófer del autocar que, al hallar al sujeto dentro del vehículo le propinó una bofetada. Cuando Miguel marchaba, pensando que aquel chófer tenía mal genio, llegó una pareja de la Benemérita que puso fin a las andanza del aventurero.
"¡NO QUIERO VOLVER A MI CASA"
Miguel Cilla tiene 16 años y es natural de Agreda (Soria). Escapó de su casa el día 28 de junio, tomando un camión en el que llegó hasta Zaragoza. Tras pasar diez días en la ciudad aragonesa decidió tomar otro camión y fué hasta Igualada. En Igualada robó una bicicleta y fué en ella hasta Manresa. Antes había robado en un taller unas piezas de automóvil, que dejó abandonadas en una casa de Igualada.
La bicicleta la abandonó en un taller de Manresa.
—Yo — me dice —, no quería vender lo robado. Lo quitaba por tontería... Mi deseo era llegar a Barcelona y colocarme en un taller.
—¿Por qué te escapaste de casa?
—Porque somos seis hermanos y mi padre tiene mal genio.
—Pero ¿no te acuerdas de ellos, ahora encerrado en esta prisión de Manresa?
—No me acuerdo. Si me coge mi padre me dará una paliza.
—Te la has ganado.
Miguel Cilla llora un poco. Se repone en seguida y dice…
—Prefiero perderme yo a que se pierda mi padre.
—Me parece que estás un poco chalado.
—¡No, señor! Yo sé lo que hago...
—Si supieses lo que hacías no robabas un autobús sin saber conducir.
—He visto conducir a muchos y es fácil. Si volqué fué porque se agarrotó la dirección. Pero supe frenar y no caer al río...
—Me das lástima, muchacho. Si sigues por el camino que llevas acabarás muy mal.
—No. Yo quiero ir a un taller a trabajar.
—A tu casa debes ir, y pedir perdón a los tuyos. Tu padre es un modesto albañil, honrado y trabajador, y tú ya estás manchando el apellido...
—¡No quiero volver a mi casa!
En la prisión manresana quedó este inconsciente muchacho al que, si no controlan pronto y corrigen, veremos alguna vez en la sección de sucesos. ¡Una verdadera lástima!"